Ley de protección de datos y Macartismo

El concepto de derecho ha estado siempre vinculado de un modo directo o indirecto con lo misterioso, lo sagrado, lo inapelable. De hecho la palabra Ius parece proceder del vocablo Iuveo el cual tiene una raíz latina vinculada con Júpiter, el dios.

Aún hoy no ha podido deslindarse la idea racional del derecho, “la rationis ordinatio” que establecía Santo Tomás de Aquino, de la idea esotérica original del derecho. La evolución de la ciencia jurídica ha ido encauzada hacia un entendimiento universal de las leyes que las hace estar sometida a grandes controles de calidad.

Sin embargo el entendimiento social discurre por otro camino. A veces el ABUSO adquiere un reconocimiento gubernativo, una práctica judicial o un apoyo de los poderes públicos que aplastan la racionalidad que debe inspirar cualquier aplicación de la ley. Así ocurrió en el caso americano con el llamado Macartismo en el que la persecución de determinadas ideologías orillaron la tutela natural de los derechos humanos.

En ocasiones es simplemente la presión social, el agobio del vecino o la reacción colectiva desenfrenada, la que desarrolla por sí sola toda esta actividad. En mi opinión ocurre con más frecuencia de la generalmente reconocida. Y traigo aquí a colación un caso que, creo, se ha convertido en casi habitual. Se trata como indicaba de la referencia machacónica e inpropiada que se realiza en la actualidad de la ley de protección de datos.

Se ha convertido en el refugio más genéticamente espetado por cualquier funcionario o empleado para denegar sus más elementales obligaciones. Digo espetar en dos sentidos, uno porque se proyecta de modo inmediato y sencillo a cualquier persona que simplemente pretenda la realización de un servicio, y dos porque efectivamente cual espeto se nos clava en el vientre sin poder reaccionar (nosotros somos los pescados).

Les relataré dos tristes ejemplos: el primero tiene lugar cuando recibí una carta para notificarme que había sido designado presidente de una mesa electoral. Se trataba de las últimas elecciones a la Comunidad de Madrid. Después de varias vicisitudes y de comunicar en forma electrónica mi negativa dado que no podía desarrollar esa actividad al ser notario y estar de guardia ese día, obtuve respuesta negativa que volví a solicitar. Desesperado por la lentitud administrativa acabé llamando por teléfono a la oficina competente de la junta electoral.

Al localizar telefónicamente mi expediente le pregunté si me habían respondido. Me contestaron que sí me habían respondido, que estaba en el correo postal, pero que no me podrían indicar el sentido de la contestación por aplicación de la ley de protección de datos. Resultaron dos afirmaciones a cual más falsa. Pude comprobar que no me habían respondido porque la contestación que finalmente recibí fue muy posterior a las elecciones, concretamente siete días después de ésta y tenía en cuenta una manifestación posterior a dicha conversación. Pero sobre todo me preocupó el hecho de que mencionara una ley que nada tenía que ver con lo que yo reclamaba. Un dato personal no es si me han dado la razón en una reclamación. Además resulta extremadamente inoperante no responder a ese tipo de preguntas porque dificultan la posición del ciudadano. Digamos que tiene ese regusto a esotérico inapelable que mencionaba al principio.

En realidad no fue más que una excusa muy barata por parte del funcionario que no quiso trabajar y me causó una gran desazón.

La segunda anécdota me ocurrió recientemente cuando mi hijo de 12 años fue operado de apendicitis. Tuvo lugar de madrugada y debí ir a mi casa dejando a mi mujer al cargo, como única compañía posible por los desagradables efectos de la COVID19. Cuando por la mañana temprano fui al hospital a visitarles en el hospital, en este caso el del niño Jesús de Madrid, por desgracia no tenía el número de habitación en el que se encontraban. Debo aclarar que el resto de la experiencia en ese centro ha sido excelente y que los profesionales que nos atendieron se merecen toda mi gratitud.

Mi mujer estaba agotada de una noche toledana y arañaba unos minutos de sueño por la mañana temprano.

En la entrada solicité que me indicarán en qué habitación se encontraban.

Poco le importó al encargado que le dijera que yo era el padre, que tenía el DNI y que esa persona era mi hijo. De nuevo vi con estupor como se acudía indebidamente a la ley de protección de datos para evitar una comunicación fluida. Me indicó el camino, eso sí, hacia la oficina del defensor del paciente.

Llegado a este. Empecé a llamar por teléfono a mi mujer la cual no lo cogía porque por fortuna aún estaba descansando. En la oficina del defensor del paciente me dijeron lo mismo, que no me podían facilitar el dato de la habitación, cosa increíble, por el mismo motivo, esa inexplicable, absurda y machaconica referencia a la ley de protección de datos.

A los pocos segundos por fin mi mujer me respondió la llamada y el asunto se solucionó.

En general, las menciones que las personas hacen a la ley de protección de datos son equivocas. No prohíbe enviar correos electrónicos sin una ridícula ristra de palabros, la mayoría, además refieren a una ley caduca. La ley no impide la comunicación normal, y, por supuesto, no prohibe que se le indique a un padre dónde está su hijo.

Son muchas las tonterías que se dicen con una ley que no deja de ser extensa y confusa pero que, en su aplicación, debería racionalizarse.

De conejos a ovejas

Uno de los textos que mejor expresan lo que es España, con gracejo por delante, va contenido en el libro «Historia de España contada para escépticos» de Juan Eslava Galán: «La hermosa palabra fue usada por los navegantes fenicios, a los que llamó la atención la cantidad de conejos que se veían por todas partes. Por eso,denominaron i-shepham-im; es decir: «el país de los conejos», de la palabra shapán, «conejo».
No el león, no el águila: durante mucho tiempo el humilde, evocador y eufemístico conejo fue el animal simbólico de España, su tótem peludo, escarbador e inquieto.»

No deja de ser curioso cómo, al desaparecer el homo sapiens de la vías públicas por mor de la COVID´19, el mamífero más repoblador ha sido, precisamente, este simpático lepórido. Me maravillan los conejos, no puedo estar más conforme con ese vínculo.

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Estos éramos. Libres.

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El planeta de los microbios

Hoy hablaré de algo que sale de las líneas argumentales de mi blog, de lo que no soy experto, es más,  soy mero ignorante, pero que me preocupa, como a todos.

Y lo hago porque creo que los expertos han especializado su conocimiento hasta el punto de orillar la vision del conjunto. Por supuesto, los dirigentes están del todo desorientados.

El coronavirus, se dice, es un agente infeccioso. Quizás esto haya que replantearlo. Pongamos que está Ud. en su casa desde hace años, un vecino se cuela por la ventana e, inmediatamente, Ud. le dice que se vaya ¿quién es el invasor?

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Quiero mi testamento, ya…

testamento ológrafo, testamento en tiempo de epidemia

Escribo estas letras en plena epidemia de coronavirus, el malnacido (si es que nace) COVID-19, también llamado SARS-CoV-2. Los Notarios estamos al servicio de la sociedad y permanecemos con la oficina abierta. Según la normativa, somos un servicio esencial, pero sólo para cuestiones URGENTES.

Como tantas veces entre los juristas, saber si un caso concreto, es o no es lo que nos dice la Ley, no es fácil. Requiere de una actividad intelectual, humana, que es la interpretación. Algo que puede llegar a ser muy complejo.

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Esto fue en Estados Unidos con la gripe española (1918)

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El derecho a equivocarse (ante Notario)

Dijo Confucio que “cometer un error y no corregirlo es otro error”. Y Chaplin elevó el error a la categoría de virtud al decir «Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme”.

Y ocurren, es innegable. Cosas pensadas ayer que hoy se ven de forma del todo distintas. Así, (a veces por fortuna) somos los homo sapiens.

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Préstamos, bancos y Notarios ¿la tormenta perfecta?

los préstamos y créditos hipotecarios están sometidos a una gran regulación administrativa. Se debería establecer que nos Notarios nos repartiéramos a turno estos documentos.

En breve se cumplirá un año de la Ley de crédito inmobiliario. Su nacimiento fue lento, forzado, público (casi a diario había noticias en los medios de comunicación), extremadamente complejo y, sobre todo, fue un nacimiento deseado.

España (como estado miembro de la Unión Europea) estaba obligada a adoptar una norma que tomara una serie de medidas pensadas para proteger a los consumidores bancarios. Ello, merced a una Directiva de 4  febrero de 2014, la cual es fruto del Libro Blanco sobre la integración de los mercados de crédito hipotecario de la Unión (2007) y éste, a su vez, de un proceso iniciado en marzo de 2003 por la Comisión Europea. Como se ve, la cuestión tiene su historia.

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El Notario y el garrote

El notario no puede presenciar la apertura forzosa de las puertas.

Carezco de antecedentes familiares en el mundo notarial. Soy el quinto hijo en una familia de ocho. Nada me vinculaba con el mundo de la notaría. Sin embargo, ante el durísimo momento de fotografiarme para la orla de mi promoción en la licenciatura de Derecho, tenía que tomar una decisión.

Son varios los motivos que me llevaron a elegir la oposición para el título de Notario, pero quiero apuntar dos: 

Uno, que según había oído, aquí no hay enchufes que valgan, los tribunales, a grandes rasgos, son justos: si se lo sabes, apruebas. Eso lo comenta (y acredita en carnes propias)  Justito el Notario, que ha publicado un magnífico libro, cual es, a la par, desgarrador. Mi experiencia sobre esa cuestión es equivalente.

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Y dos, que  a la notaría va quien quiere, nadie va obligado. Es un lugar en que se desenvuelve la libertad, el pacto, la paz. Como decía, magistralmente Rafael Sanchez Ferlosio, “El argumento se quedó parado y sobrevino la FELICIDAD.”  Lo más próximo a esto (y le costará al lector entenderlo) es un bar típico ibérico en el que el individuo  quiere tomarse algo amigablemente, disfrutar y ver a su convecino. Continuar leyendo «El Notario y el garrote»

Donaciones a los hijos en el extranjero

Recuerdo cómo en una rueda de prensa se dijo, hace no mucho la siguiente frase: «En España acabada la carrera tienes tres salidas: por mar tierra o aire».

Por desgracia, esa ha sido la realidad para muchas familias, que han visto como su tierno vástago, ya pequeño leño, perfectamente formado, ha cogido un vuelo a un otro país, para despeñar su oficio, todo merced a la dichosa crisis.

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Mal día para la plusvalía

Hoy llega a mi conocimiento que la vulgarmente llamada «plusvalía municipal», oficialmente Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana, sigue vivita y coleando.

Una importante Sentencia del Tribunal Supremo reconoce que, pese a que se ha declarado parcialmente la nulidad de ciertos artículos, los Ayuntamientos podrán exigir su pago a menos que el sujeto pasivo (el paganini, para entendernos) demuestre que no ha tenido enriquecimiento alguno.

Además afirma:

«De la exégesis de la regulación legal del IIVTNU -en particular, de los artículos 104.1, 107.1, 107.2 a), y 110.4 del TRLHL-, a la luz de las declaraciones de inconstitucionalidad contenidas en la STC 59/2017 , se infiere inequívocamente que la que se expulsa completamente del ordenamiento jurídico es la presunción iuris et de iure de existencia de incremento de valor del terreno urbano transmitido (que en todo caso debía ser objeto de tributación), no la presunción iuris tantum de existencia de una plusvalía en la enajenación del inmueble, que sigue estando plenamente en vigor.»

A mi juicio, el impuesto debería desaparecer por injusto, por mal regulado y por se un caso evidente de doble tributación. Y opino que el Tribunal debió entender aniquilado el impuesto porque, al no haber un método de cálculo GENERAL y aplicable a todos los casos, se incumple la llamada reserva de ley,  es decir, sólo por normas con rango de ley se pueden regular cosas tan importantes como nuestras obligaciones tributarias (y no meros parcheados exegéticos).

Pero la opinión del tribunal ha sido otra, no sé si habrá pesado la situación maltrecha de algunas haciendas locales….

***Noticia!!! El caso vuelve al Tribunal Constitucional. cuestion inconstitucionalidad