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Quiero mi testamento, ya…

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Escribo estas letras en plena epidemia de coronavirus, el malnacido (si es que nace) COVID-19, también llamado SARS-CoV-2. Los Notarios estamos al servicio de la sociedad y permanecemos con la oficina abierta. Según la normativa, somos un servicio esencial, pero sólo para cuestiones URGENTES.

Como tantas veces entre los juristas, saber si un caso concreto, es o no es lo que nos dice la Ley, no es fácil. Requiere de una actividad intelectual, humana, que es la interpretación. Algo que puede llegar a ser muy complejo.

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Esto fue en Estados Unidos con la gripe española (1918)

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El derecho a equivocarse (ante Notario)

Dijo Confucio que “cometer un error y no corregirlo es otro error”. Y Chaplin elevó el error a la categoría de virtud al decir “Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme”.

Y ocurren, es innegable. Cosas pensadas ayer que hoy se ven de forma del todo distintas. Así, (a veces por fortuna) somos los homo sapiens.

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Préstamos, bancos y Notarios ¿la tormenta perfecta?

los préstamos y créditos hipotecarios están sometidos a una gran regulación administrativa. Se debería establecer que nos Notarios nos repartiéramos a turno estos documentos.

En breve se cumplirá un año de la Ley de crédito inmobiliario. Su nacimiento fue lento, forzado, público (casi a diario había noticias en los medios de comunicación), extremadamente complejo y, sobre todo, fue un nacimiento deseado.

España (como estado miembro de la Unión Europea) estaba obligada a adoptar una norma que tomara una serie de medidas pensadas para proteger a los consumidores bancarios. Ello, merced a una Directiva de 4  febrero de 2014, la cual es fruto del Libro Blanco sobre la integración de los mercados de crédito hipotecario de la Unión (2007) y éste, a su vez, de un proceso iniciado en marzo de 2003 por la Comisión Europea. Como se ve, la cuestión tiene su historia.

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El Notario y el garrote

El notario no puede presenciar la apertura forzosa de las puertas.

Carezco de antecedentes familiares en el mundo notarial. Soy el quinto hijo en una familia de ocho. Nada me vinculaba con el mundo de la notaría. Sin embargo, ante el durísimo momento de fotografiarme para la orla de mi promoción en la licenciatura de Derecho, tenía que tomar una decisión.

Son varios los motivos que me llevaron a elegir la oposición para el título de Notario, pero quiero apuntar dos: 

Uno, que según había oído, aquí no hay enchufes que valgan, los tribunales, a grandes rasgos, son justos: si se lo sabes, apruebas. Eso lo comenta (y acredita en carnes propias)  Justito el Notario, que ha publicado un magnífico libro, cual es, a la par, desgarrador. Mi experiencia sobre esa cuestión es equivalente.

puerta

Y dos, que  a la notaría va quien quiere, nadie va obligado. Es un lugar en que se desenvuelve la libertad, el pacto, la paz. Como decía, magistralmente Rafael Sanchez Ferlosio, “El argumento se quedó parado y sobrevino la FELICIDAD.”  Lo más próximo a esto (y le costará al lector entenderlo) es un bar típico ibérico en el que el individuo  quiere tomarse algo amigablemente, disfrutar y ver a su convecino. Leer más “El Notario y el garrote”