Las siete causas I: los proindivisos

Nuestra querida ciudad está malita. Algo le pasa, no levanta cabeza desde hace… ni se sabe. Y lo peor es que no mejora, cada año vemos como se oscurece. Otrora vibrante, visitada por monarcas,  bandadas de snobs e inversores turísticos, ahora apenas pasa por ser mero refugio de hordas  de botellones y calles sucias, vacías y abandonadas por la mañana.

ayuntamiento puerto santa maria
El Excmo. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María. Por navidad.

Y ¿qué padezco, doctor? ¿y cómo se me pasa? A nadie se le ocurrirá decir que el padecimiento de El Puerto se debe a una sola cosa. Creo que si en algo hay consenso, es que este melanoma (no quiero referirme a metástasis, porque  me echo a llorar) es multifactorial,  vamos, que tiene varias enfermedades o, al menos, varias causas concomitantes.

Que no haya presupuesto para 2017 ya es mal augurio; que la Cámara de Cuentas de Andalucía proponga retener subvenciones y ayudas públicas por no haber hecho efectiva rendición de la Cuenta General, peor; que ni PEPRICHE (ya ni se habla de él) ni (casi) ayudas fondo IDEA, CEDETI, pésimo… y se puede seguir.

Hoy lo hablaba con un amigo, sostiene que todo esto es culpa de los políticos, que no hacen otra cosa que robar.

Yo no lo veo así. De todo hay, como en botica, pero, en general, lo políticos no tienen que superar un examen de malnacimiento o de estraperlismo para acceder al derecho de sufragio pasivo (el de ser tal político). Quiero buscar otros motivos, para mí el problema está en el viejo asunto de las causas y las consecuencias. De las aristotélicas causalidades, que no casualidades. Eran siete las que encontró Santo Tomás para demostrar a Dios. Yo no sé cuantas enfermaron esta ciudad, pero conozco bien una, y para mí, que ha causado estragos, me refiero a los proindivisos.

Hace unos 2.500 años tuvo a bien nacer Hipodamo de Mileto quien estableció algunas normas que debieran seguirse en eso, en extremo bello, como es crear una ciudad. Tan usado fueron sus criterios por las culturas occidentales que hoy, al planeamiento en forma de cuadraditos se le denomina DAMERO. Eso, el retranqueo y dos cosas más son como la pluma al Notario, o el fonendoscopio al médico, lo mínimo.

Ni que decir tiene que, desde entonces, muchas ciudades se han construido, y que, en general, las normas (el Derecho) ha ayudado a que sean mejores. Dos ejemplos relativamente recientes (un siglo y poco): El ensanche de Barcelona, obra del genial Ildefonso Cerdá; y el de Madrid, del estepeño, Carlos María de Castro.

Por lo visto, aquí hubo más de uno cuya creatividad  le hizo prescindir de toda la historia del urbanismo y decidió que la urbe había de nacer por generación espontánea, y no consecuencia de un sesudo estudio de las necesidades presentes y futuras. Son las personas que, ante la necesidad imperiosa que adquirir vivienda, compró, segregó y construyó a la buena de Dios. Ese ímpetu se generalizó en este municipio en los años 80. Por desgracia, el panorama político hizo la vista gorda y dejó hacer. De aquellos lodos…

Pero todo eso es pasado. En Derecho hay una cosa llamada prescripción, que es lo más parecido a la eclesiástica indulgencia plenaria. Algo así como hacer el camino Xacobeo en año jubilar, que te pone el ranking de pecados a cero, pero con la ventaja de que no hay que andar, basta con dejar transcurrir los años. Eso es lo que le ha pasado a los que se hicieron su casita a las bravas, que han patrimonializado su construcción, es decir, que la Administración (salvo ciertos casos) no puede ni sancionar ni derribar su nidito. Es como una amnistía o amnesia. Eso es suyo, no estuvo bien, pero ya pasó.

puerto sherry
Otro caso que no pudo ser lo que parecía. Da para otro post.

Ahora bien, miles de personas viviendo en lugares que nunca estuvo previsto que fueran destinado a vivienda, sin servicios de agua, alcantarillado, iluminación, sin vías de acceso adecuadas, sin encintado de aceras, ni parques, ni servicios municipales de transporte,… con frecuencia, sin escrituras, o sin inscripciones registrales, con el catastro como única finca para manzanas (o grupos de manzanas) enteras,…. y mucho más. ¿Cómo se gestiona?

Me refiero a personas que sólo quieren vivir en sus casas y cuyo pecado ya se ha borrado (y, si lo han heredado, nunca lo cometieron).

Pues bien, esa irregular urbanización es, para mí, una de las principales causas de patología de mi ciudad.

Con esto no quiero culpabilizar a nadie: A quienes sostienen que estas personas son unos ilegales y no merecen nada, les diré que merecen un respeto, son dueños de sus viviendas y que su situación no es ni ilegal ni irregular. Están en la legalidad y lo único que quieren es poder disfrutar de su propiedad como cualquier otro. Es cierto que el planeamiento urbanístico no había previsto esas edificaciones, pero es el planeamiento el que ha de adecuarse a la realidad y mejorar el futuro, y no anclarse a un pasado que ni fue ni podrá ser.

Se ha perdido un sistema coherente y ordenado, una fuente de riqueza e incluso el coste de oportunidad que podría haber residenciado aquí una tipología económicamente más activa, pero ya pasó, y si el Derecho da la indulgencia plenaria, también debemos los paganini (los contribuyentes que sí pagamos por nuestras casas) reconocerla.

Soy Notario y disfruto cuando el Derecho entra por la puerta en supuestos de inseguridad jurídica. Lo noto especialmente cuando asisto en una Junta de Accionista, o cuando alguien me requiere para que constancia de un hecho, se abandonan los malos modos y todos saben, por fin, a qué atenerse. Y eso es lo que percibo en esto de las llamadas ARG (áreas de regularización), estoy interviniendo en varias. Consiste en que cientos de personas firman ante mí que se adhieren a Juntas de Compensación, es decir, el artilugio jurídico creado para, por fin, reurbanizar legalmente lo desorganizado. Uno o dos de los asistentes se quejaban (en mi última ejecución) de los costes y de la posición del Ayuntamiento, pero la aplastante mayoría veía con ilusión entrar en el cauce del Derecho.  Para mí es una auténtica fiesta, la de la Ley, la  de reconciliar las dos partes, por un lado, un ansia de vivienda desmedido (mal satisfecho), y de la otra, una normativa rígida que no se adaptó a las necesidades locales. Como me comentaba uno de los condueños de una ARG: “es que no había forma de adquirir nada legalmente, el tema se desbocó”.

Insisto en que hay que tratar a estas personas con respeto y que la cuestión merece alejarse de  maniqueísmos. Si, las más de cuarenta ARG que tenemos se regularizaran, el consistorio enterrara el hacha de guerra y los condueños asumieran firmemente su condición de urbanizadores, en pocos años tendríamos, en parte, una ciudad, ensanchada, pero ciudad.

 

Autor: patricionotario

Notario en Valencia. Preocupado por España. Por la discapacidad. Amante de su tierra.

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